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Mercados en vilo ante el conflicto entre Rusia y Ucrania

El mundo continúa enfrentando un panorama altamente complejo en términos de la pandemia, recuperación económica desigual, presiones inflacionarias que persisten y menor estímulo de políticas públicas. A esto, los inversionistas han tenido que agregar a su función de reacción las fuertes tensiones entre Rusia y Ucrania. Los mercados financieros han reaccionado a esta situación a través de un menor apetito por activos de riesgo y una búsqueda de refugios de valor, especialmente después de la reciente decisión del presidente Putin de invadir algunas regiones en Ucrania a través de ataques militares. Se espera todavía un alto grado de incertidumbre en torno a este factor geopolítico, lo cual podría generar una mayor corrección en los precios y volatilidad de varios activos financieros.
Esta compleja situación geopolítica data de agosto de 1991 y la independencia de Ucrania de la extinta Unión Soviética. A partir de ahí, los seis presidentes que han liderado la nación se han inclinado por distintas posturas ideológicas, pero en tiempos mucho más recientes decantándose por una visión en pro de la Unión Europea. Esto ha resultado en una áspera relación con Rusia, especialmente con el presidente Vladimir Putin, desde que él asumió el poder a inicios de este milenio. También ha generado una fragmentación de la sociedad entre aquellos que apoyan la visión europea y los que tienen una mayor afinidad a la ideología rusa.

Desde la óptica de los inversionistas globales, el punto de inflexión importante fue en 2014, cuando comenzó a materializarse el peligro de una intervención militar rusa en algunos territorios ucranianos, lo cual concluyó con la adhesión de la península de Crimea ese mismo año. En aquella ocasión, la aversión al riesgo —reflejada en el comportamiento de varios activos financieros en todo el mundo— duró sólo un par de meses, con una volatilidad que se moderó conforme el riesgo de una intervención militar en la cual podrían estar involucrados países miembros de la OTAN y Rusia, toda vez que las sanciones económicas fueron el principal vehículo de retaliación.

Ocho años después se ha reavivado el conflicto, pero ahora en la región Donbáss, específicamente en Donetsk y Luhansk. A diferencia del 2014, en este 2022 se ha incrementado la preocupación en la comunidad internacional por un mayor escalamiento en las tensiones, viéndose reflejado en el comportamiento de los mercados financieros.

Los motivos detrás de las acciones que ha llevado a cabo Rusia pueden entenderse desde varias dimensiones, todas ellas estratégicas. Por un lado, se encuentra el tema ideológico. Las hostilidades con Ucrania pueden otorgarle al presidente Putin un sentido de legitimidad a su visión de “unidad rusa”, tanto con su base electoral como con las etnias rusas que abundan en estas regiones en conflicto. También le puede permitir una mayor hegemonía en la agenda internacional, especialmente en Europa, y el fortalecimiento de aliados estratégicos como China, ante la falta de liderazgos claros en el resto de Europa de cara a las elecciones que tendrán lugar en Francia en abril y una nueva era en Alemania con Olaf Scholz.
Geográficamente, la anexión de estos territorios, junto con lo acontecido con Crimea en 2014, también le ayudan para un mejor posicionamiento estratégico en el Mar de Azov y el Mar Negro. Económicamente, podría ser una apuesta de mediano plazo interesante ante su riqueza en materias primas. A pesar de que Ucrania es conocida como un importante productor de granos, las regiones de Donetsk y Luhansk se caracterizan por tener industrias bastante relevantes en la producción de acero, extracción de cobre y otros minerales.

Sin embargo, existen dos riesgos para Rusia. El primero es que EE. UU. y el resto de los países de la OTAN incrementen las sanciones económicas que ya han sido anunciadas hasta el momento y que esto pueda complicar aún más la recuperación económica en la era del coronavirus, el acceso a los mercados internacionales de capitales y bienes para el comercio internacional. Pareciera que éste es un riesgo que Vladimir Putin está dispuesto a asumir. El segundo, que hasta el momento todavía podríamos asumirlo con una menor probabilidad, recae en una respuesta militar por parte de Occidente, lo cual podría ocasionar daños mucho mayores para ambos bandos y probablemente por una mayor duración. Bajo este segundo escenario las consecuencias serían más severas en lo económico, financiero, político, social y en términos de pérdidas humanas.

Nos encontramos actualmente en un momento de gran incertidumbre, con un suspenso poco alentador entre inversionistas y demás agentes económicos en torno a estas tensiones, debilitando la confianza sobre la recuperación global e inclusive el alcance de la diplomacia internacional. En este contexto, debemos reconocer que las noticias son muy fluidas e inciertas, por lo que es probable que se mantenga una elevada volatilidad en los mercados financieros por algunas semanas más, al menos mientras permanezcan las amplias dudas sobre cómo se resolverá este conflicto.

Hasta el momento, el comportamiento de los activos globales muestra un escenario base en el que a lo mejor imperen solamente las sanciones económicas. Sin embargo, no podemos descartar un escalamiento militar entre ambas partes, situación que cambiaría esta percepción y probablemente impactaría con mayor fuerza a los portafolios y las perspectivas de inversión. Finalmente, para concluir este artículo, les recomiendo un análisis detallado que podrán escuchar en el podcast Norte Económico en el que Verónica Ortiz, reconocida analista política y de asuntos internacionales, compartió su visión sobre esta situación.

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