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Perpetuamente pobres

Cada semana, prácticamente sin excepción, el presidente López nos confirma que lo que él no quiere para México es el progreso económico; realmente está peleado con la idea de que los mexicanos seamos cada vez más ricos y que esa mayor riqueza se traduzca en mayores niveles de bienestar y para ello pone todo su empeño para evitarlo. En lugar de pensar cómo diseñar e instrumentar políticas económicas que se traduzcan en mayor crecimiento económico y mayor ingreso y bienestar para la población, parecería que dedica su tiempo a elucubrar como impedirlo; lo peor es que lo está logrando.
Campo mexicano
Reiteradamente nos ha dicho que a lo que hay que aspirar es a vivir con lo mínimo indispensable, sin lujos; “para qué dos pares de zapatos sí con uno es suficiente”. Reiteradamente ha utilizado su viperina lengua mañanera para criticar y casi insultar a quienes él considera como aspiracionistas, a esa clase media que se atreve a buscar un mejor futuro para sus hijos. Reiteradamente ha afirmado, para esconder el estrepitoso fracaso de él y de su gobierno en materia de progreso económico, que lo importante es la felicidad alejada de cualquier satisfacción material.

Por alguna razón digna de análisis psicológico, parecería ser que su ideal es el México de los años cincuenta del siglo XX, con una población mayoritariamente rural o habitando en poblaciones muy pequeñas, viviendo de lo que la tierra provea. Mexico como Tepetitán en 1953.

Con esa mentalidad pueblerina, el viernes pasado en Jalisco señaló que los productores agrícolas no deberían pensar con vender su producción en el mercado, sino producir para el autoconsumo. Afirmó “vamos a producir lo que consumimos, tenemos las tierras y habrá agua y vamos a dar los apoyos para que pequeños propietarios, ejidatarios y comuneros nos ayuden sembrando, como siempre lo hacen, pero a lo mejor pueden ampliar sus áreas de producción, hay que hacer esa campaña de producir para el autoconsumo”. Y dijo “se puede producir para el mercado, para vender alimentos, pero empecemos por producir lo que consumimos, que se produzca maíz, frijol, arroz, trigo, leche, lo básico además de gallinas, pollos y huevos”.

Lo afirmado por el presidente deja ver su idea de qué hay que vivir de lo que provea la tierra y nada más; eso de vender en el mercado para tener el ingreso que permitas adquirir otro tipo de bienes es, a su parecer, superfluo así sea vestimenta y artículos escolares para los hijos o, peor aún, osar adquirir bienes de consumo duradero. La gente debería ser feliz conformándose con consumir lo que su pequeña propiedad rural les dio; nada más.

Por otra parte, en su mente no cabe el concepto de progreso tecnológico. Él sigue pensando en el pequeño productor agrícola, ese que tiene a su disposición una muy pequeña extensión de tierra la cual labra utilizando tecnologías tradicionales de producción: el campesino junto con sus hijos varones arreando una yunta de bueyes jalando un arado de madera con punta de fierro, sembrando maíz, frijol y chile utilizando estiércol animal como fertilizante y esperando que las lluvias lleguen a tiempo y en la cantidad adecuada, mientras las mujeres, hijas incluidas, cuidan al pequeño grupo de animales: el borrego, el chivo y las gallinas. Una postal del México rural que él idealiza. El trapiche como ejemplo de estar en la frontera tecnológica.
Más aún y llevado al sector agropecuario para el conjunto de la economía. Es claro que el presidente no entiende el concepto de ventajas comparativas y de ahí su insistencia de tener autosuficiencia alimentaria. El “cuerno de la abundancia” tal como lo dibujó el gran Abel Quezada no incluye una geografía (orografía, hidrología y clima) que se traduzca en que México tenga ventaja comparativa en la producción de granos como maíz, soya, frijol y trigo (los que se importan) y sí, por el contrario la tenga en la producción de frutas, verduras y hortalizas (los que se exportan). Insistir en utilizar la tierra para producir granos en lugar de importarlos es desaprovechar las ventajas que México tiene en el sector agropecuario, castigar la generación de riqueza en el campo mexicano y garantizar la perpetuación de la pobreza.
* Economista y profesor. Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM. Este artículo se publicó originalmente en el periódico El Economista el 15 de mayo de 2022.
La información y comentarios expuestos en este artículo son responsabilidad del autor.

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